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Entrevista a Felipe Lloveras por Diego Garcés



Estamos acá en el taller de Llobe (Felipe Lloveras) un artista visual de San Juan y yo quería preguntarte Llobe, ¿Recordás la primera vez que pintaste, si es que existe algo así como una primera vez de la pintura en tu vida?


Es difícil, se hace difícil porque en mi casa siempre hubo pinturitas. Mi vieja

era súper artesana y maestra jardinera, entonces en mi casa siempre había cosas

en proceso, carpetas de alumnxs, papelitos, tijeras… ¡Ah! mirá acá tengo unas plasticolas flúor (Risas)...


Mi casa siempre estuvo llena de eso, entonces se me complica decir cuándo fue la primera vez que tuve contacto con la pintura.




Sí tengo algunas escenas guardadas de wacho, una vez con un amigo, el Tomi, andabamos en bici y hacíamos rampas en el barrio, y no recuerdo bien por qué se había picado con unos locos. Medio que nos agarramos a piñas, ellos eran bravos, y nosotros unos pequeños burgueses que no sabíamos lo que era la violencia, y después dibujábamos historietas, que contaban lo que había pasado. Una de esas la tengo grabada, uno de los bravos tenía puesto unos guantes, pegó un manotazo y voló uno, entonces había una tira que decía “mirá ahí va el guante y era como que el guante se iba, salía de cuadro, era impresionante.



También tengo el recuerdo de dibujar autos tunning en la escuela, ese fue un

gran paso en los dibujos, de ponerme a dibujar un ratazo, no una cosa así de

hago un garabatito acá y me voy a hacer otra cosa, sino, me voy a sentar a dibujar

un auto.


Después dibujar letras, ahora lo veo como de graffitero, era lo que llegaba

acá de restos del graffiti de los noventa, y dibujamos nuestros nombres con letras gordas, también se escrachaban mucho las mochilas, medio rolinga, una mezcla

de graffiti/rolinga, que te comprabas la mochilita de los Rolling Stones y la gra-

fiteabas entera.



Las mochilas negras esas, todas iguales que venían de lo que quieras



¡Claro esas! Pintábamos con corrector las tiritas, nuestros nombres y nombres de bandas, todo eso lo recuerdo y siento que la gente me lo festejaba un poco.



Ya eran tus primeras obras

Claro yo dibujaba con corrector y alguna gente me decía “¡Mirá, qué lindo lo que has hecho, a mí no me sale!”.


Y otro recuerdo que tengo, para llegar más acá en la línea temporal, es de pintar macetas para ir a ver Black Sa-bbath, le afanaba viñetas a Liniers, y me hacía unos pesos. Recuerdo haber tenido jornadas de pintura muy largas, inscribirme en una feria y ponerme a pintar 16 macetas en un día, una cosa así y era todo un proceso. Primero le daba una base de blanco, después dibujaba y pintaba la tira, afanadísima, ahí chorié mucha data, entendí (ahora hago estas suposiciones) el ejercicio de copiar, de buscar referencias y aprender de otrxs.


Nunca fui a una academia de pintura, salvo en la facu algunas clases de dibujo o morfología, mis clases han sido cho-rearle a Liniers y a muchxs más, pintar macetas, remeras o mochilas pero todo con el fin de ir a ver bandas, viajar o ga-nar unos pesos.



¿Todavía no imaginabas que tu trabajo iba a ser en sí eso, pintar, el arte? Y a la vez lo estabas haciendo porque era un trabajo pintar 16 macetas con un fin como ir a ver Black Sabbath.

Ni lo sospechaba, era mucho más ingenuo, no me imaginaba vivir de la pintura, ni ninguna locura de esas, pero sí, lo daba todo.


Hay gente que piensa que se te da o no el poder pintar o lo gráfico, y yo siento,

o estoy casi convencido de que todo el mundo puede hacerlo, no es un don mágico, ni que tenés “oído absoluto”, o estás tocado con una varita. Nada de eso. Es

simplemente un trabajo y una observación que podés hacer y la podés aprender a hacer, pero a la vez siento que he tenido mucha facilidad. Me acuerdo de querer pintar las macetas e ir y pintarlas y saber que me iba a salir bien, es re loco. No sé de dónde lo saqué, lo hacía y creo que me salía bastante bien. Pero volviendo a la primera pregunta, me quedé pensando, creo que he deve-nido pintor a partir de otras profesiones frustradas.



¿Cómo sería eso?

Yo quería ser jugador de fútbol.



¿O sea tu sueño era ser jugador de fútbol?


Y en la niñez sí, es más tuve algunos acercamientos (Risas)



¿Te preparabas, entrenabas para ser fichado?

Más o menos, soñaba que podía, obviamente no pude y tampoco lo elegí. Después cambié y quería ser músico, y lo hice durante un tiempo, pero músico no me sale, soy bastante malo con eso. Después flayé ser arquitecto y también… entonces voy como deviniendo pintor, es algo que acompañó todas mis frustraciones y se sigue anteniendo hasta hoy.



¿Y cómo fue para vos el paso por la facultad de arquitectura? ¿Qué crees que te aportó para lo que hoy sos como pintor?

Una locura todo, me voló la mente en mil pedazos. Yo había ido a una escuela católica, frecuentaba un grupo muy cerrado de gente y entrar a la FAUD (Facultad de Arquitectura Urbanismo y Diseño) me revolucionó, había otra gente, otras cosas, pasaban otras cuestiones y me voló la cabeza.


Identifico como gran influencia de la facultad el dibujo con Fernando Giudici o Juan Failla, sobre todo este último, es un pintor sanjuanino y profesor de di-bujo arquitectónico y nos voló la peluca. Era el más open mind de los profes, más artista que dibujante técnico. A las clases traía acuarelas, pasteles, miles de cosas diferentes, nos ponía a todos alrededor y empezaba ¡pum, pam! a manchar y pintar una planta: “podemos hacer esto, esto otro”. Sacaba otra cosa “bueno a esta vista le podemos hacer esto y lo otro”… era todo una locura.


Juan armó un grupo para salir a dibujar, “croquiseros urbanos de San Juan”, y ahí entendí la perspectiva, entendí el dibujo, y me puse a dibujar como loco, y también me lo festejaban un poco mis compas al principio y me generaba como un motor para darle masa. En esas salidas se compartía una banda de data. Estaba bueno. También he ido a su taller, me ha mostrado cosas, me ha mostrado pintores y siempre me motivó a soltar, manchar, expresar, liberar.



La facu me parece una locura, no lo puedo explicar, le recomendaría a cualquier persona que vaya y ni siquiera con aspiraciones de recibirse, sino simplemente con afán de ir a ese lugar y flayar.



Impresionante. La universidad como un lugar para estar ahí, más allá de las pretensiones.

¡Sí, increíble! Muchas horas hermosas, la gente, los mates, los planes, las ideas que se generan. Y además, la facu de arquitectura es increíble, ahí aprendí cómo pueden ser pensadas las cosas, cómo se hace un proyecto, y eso me parece un montón.



¿Y así como la facu, qué otra experiencia te ha marcado fuertemente y te ha hecho un click en relación al trabajo en la pintura?

Mis mayores influencias o referencias son los 1994, la Rhatalia, el Perro, el Tomi, la Meaw, el Lezón, Payin y mucha gente más con los que he estado conectado y me siento super influenciado, acompañado y amado por todxs ellxs.



¿Todo ese grupo serían los 1994?

Claro, sí, la mayoría nacidos en 1994. Nos conocemos un poco de la escuela, un poco de la facu, de la vida, y ahora son mis hermanxs amadxs.


Una pequeña crew con quienes tenemos muchas cosas en común: “hemos tomado

agua del mismo surtidor”, diría el amigo Raiano. Nos damos fuerza y data siempre. Si me hubiera juntado con otra gente sería otro tipo.


Bueno, con ellxs construimos La Parra.



¿La Parra?

La Parra fue una casa que habitamos con amigxs durante el 2016, y el plan inicial era ir a vivir, pero nos alquilamos un super caserón que no tenía toda la infraestructura para vivir, y de repente nos encontramos en un lugar gigante y grandioso. Todxs estudiabamos carreras proyectuales o artísticas, entonces la casa se convirtió en un lugar donde compartir cosas que cada unx hacía. Yo en ese momento sacaba fotos y hacía croquis.


Y un día dijimos bueno vamos a aprovechar la casa para hacer un centro cultural, y abrirlo para exponer e invitar a otrxs artistas y eso también me cambió la vida, fue tremenda motivación ver cómo crea otra gente, consumir mucha data. Invitábamos a tal artista y llegaba con dos parlantes, hilo y empezaba a colgar unas cosas del techo, con una música y nosotrxs ¡¿wtf y esto qué es?!


Y sucedió todo orgánicamente, casi sin darnos cuenta que estábamos construyendo algo tremendo.



Y trabajaste como arquitecto, ¿tuviste experiencias en ese sentido?

Estuve re metido con la arquitectura, es algo que todavía me apasiona, abandoné la carrera, pero amo la disciplina. Laburé en estudios, de dibujante, proyectando algunas cosas, y después en obra y eso también me voló la mente. Fue una de las cosas que más me cambió, poder ver día a día una obra, es una experiencia, es también un catálogo de clases sociales y poder ver, que hace cada persona, cómo viven, qué dicen, qué comen, es re loco.



¿Vos crees que, ponele, hay algo así en tu obra? Hay una serie de los obreros ¿vos crees que esos trabajadorxs son de esas obras en las que laburaste, están ahí,son parte también de tu experiencia?

Definitivamente. Es que era muy extraña la situación en la que me encontraba, ayudaba a hacer una dirección de obra en un complejo de departamentos, laburaba medio de vigilante, me tocaba controlar y verificar las tareas que se ejecutaban.


La obra era acá, en San Juan, y el arquitecto vivía en Mendoza, se iba y yo hacía

de sus ojos acá.

Daba órdenes en su nombre, pero no lograba del todo el respeto de los obre-ros, para ellos yo era el gato del arquitecto y tenía que opinar de su trabajo, y muchas veces se jugaba el “de qué lado de la mecha te encontrás”.


“Vos sos un wachin de 20 años qué ve-nís a vigilantearnos a nosotros y no sabés ni como se pega un ladrillo”, y pa’ colmo yo llegaba en el auto de mi vieja, llegaba en el golcito con el pulovercito, la camisita… y los locos ahí desde la 7 am dándolo, era una situación horrible, ir haciendo consciente mis privilegios.

Y así, cuando hice conscientes los míos,

vi la ausencia de los suyos.


Entonces ¿Cómo crees que llegó eso de pintar ahí a lxs trabajadores?


Yo entiendo que todo esto me politizó, la obra, la facu, los amigos, me enseñó cómo funcionaba el mundo y los roles que uno puede tomar. Quise hacer una pintura que tuviese una carga, que para mí significara algo, pensé entonces en la serie “los nadies”, porque coincidía el momento en que eso me atravesaba y mi interés por la pintura aumentaba.


Pensé en representar esxs trabajadorxs -influenciado seguro por el Marian, Berni, o de la Cárcova-, como franja que está super invisibilizada, en el siglo del internet y el teletrabajo. Y ponerlos ahí como antiguos reyes.


Son lxs verdaderxs transformadorxs del mundo. Un día tenés solo tierra, y vas a los días y hay una casa ¡y ganan dos mangos! No se puede creer, les falta marketing, el gremio debería conseguir una agencia de marketing, y empezar a vender mejor su laburo, venderse como constructores de súper esculturas modernas.


La obra “Los nadies” está motivada por ellxs, lxs trabajadorxs que me mostraron mis privilegios, retratar esa gente y recordarlxs. Para mí, ellos siguen creyendo que yo era el pendejo cheto pero para mí ellos fueron un aprendizaje muy grande.


Sin embargo, en la última pintura de la serie “Los nadies”, #NFT (no fungible tra-bajador) utilizo un lenguaje similar, sigo sin revelar su identidad, siguen siendo los trabajadores pero me hago más preguntas, ¿cuál es la relación entre especulación y producción en el mundo, tanto en el arte como en todo? ¿Cuáles son las manos que sostienen esa estructura?



¿Y eso de que no tengan rostro es porque su identidad está de alguna forma borrada, así lo ves?

Sí… Entiendo que muchas de las decisiones pictóricas que tomo, primero tienen un sentido más plástico, e intentan reivindicar el Goce, como una especie de peronismo pictórico que reivindica el goce de la pintura por la pintura misma. Entonces el simple gesto de borrarle el rostro gene-ra otra situación, en primera instancia estética para después otorgarle un sentido ideológico o una ética, porque también pienso que la carga simbólica fuerte se la otorga el espectador, yo quiero con cada pincelada estar gozando y ya está, si después querés ver a la Gioconda en esta pincelada es problema o gracia tuya.





¿Cómo es después de todo este devenir un pintor para el que la facu tuvo su influencia, pero hace tiempo es un pintor, un pintor local de San Juan? Digo, has estado en el Museo de Bellas Artes de la Provincia en más de una oportunidad, en otros lugares también. Aquí mismo vendés tus obras permanentemen-te, todo el tiempo estás produciendo cosas… ¿Cómo es ese trabajo como artista, ahora? ¿Cómo interpretás que es tu laburo? 

Ni siquiera yo podría decirlo, me resulta complejo describir mi cotidianeidad, me parece caótico este tiempo. En los últimos años pasó de todo. Transcurría el 2019, iba a la facultad, me gané una beca para irme a Colombia seis meses y cuando volví recibí la invitación de la Casa Roja para formar parte de Aura, una muestra curada por ellxs en el Museo Franklin. El viernes 20 de marzo de 2020 inauguraba la muestra y el miércoles 18 se interpuso el aislamiento obligatorio de la pandemia de Covid 19. Al fin se hizo con protocolo, durante julio y hasta diciembre de ese año. Era mi debut en una sala como

la del museo y estuve acompañado de un montón de amigxs y artistas increíbles, así que fue un sabor agridulce presentarme por primera vez en el museo con la obra Infusiones y a la vez, sin inauguración, con muy poca gente asistiendo a la sala, y en un marco desolador, paradójica o casualmente la obra era una investigación sobre la metamorfosis.


La obra consistió en retratos deformes que estaban acompañados por la sustancia que los había hecho deformarse, desde agüita cianurada, un jugo Minyo o una sopa con tres fideos. Estas infusiones, al pasar los días se pudrían y me llamaban del museo, “Sr. Lloveras puede venir a cambiar los fideos porque se han llenado de hongos”, la metamorfosis deviene en el desierto.


Para esa obra me acuerdo que te invité Diego a que escribieras el texto que

acompañaba los retratos y fue una de las primeras obras que pensamos juntos, y

ha convertido casi en un hábito mi interés por que tus ideas acompañen a las mías.



¿Y ahora en qué cosas estás laburando? ¿Qué está haciendo el Llobe ahora?

Estoy en varios proyectos, siempre pintando en casa, dibujando o pensando cosas. Ahora estoy realizando una serie de murales en un telo, y es una total locura que no me esperaba, y sucedió. Es loco porque las temáticas que se abordan ahí son completamente opuestas a lo que me piden en cualquier lado.



¿Cómo sería esa oposición?


Por ejemplo hice un mural en la calle en Chimbas, de una figura recostada en un sillón, y no duró ni una semana que ya lo habían borrado porque hicieron asociaciones con una travesti, y ahora en el telo, he hecho personajes en bolas y el dueño del telo me pide más erotismo porque estoy demasiado romántico.


La serie empezó un poco, reinterpretando pinturas de orgías y desnudos de diferentes períodos, después ha ido tomando otros caminos, jugando con el cómic y el hentai. Pictóricamente, cada vez me voy amigando más con eso que te decía recién, que las cosas me interesan simplemente por lo plástico, que algo sea bello, eso ya es un montón. Si mínimamente te causa placer verlo ya es mucho, por más de que sea una boludez atómica lo que esté ahí.




O sea que por más que parezca absurdo o no tenga un sentido explícito marcado, si te cautiva…


… si te cautiva está bien, está bueno.




¿Creés que tus obras cautivan?

Jajaja, ni idea, debieras preguntarle a otrx. Sí siento que voy en búsqueda de cosas que me cautivan, o trato de estar atento a eso, que me genere placer hacerlo. En ese sentido soy bastante bohemio y persigo el placer. Creo también que el desarrollo de los temas y el desarrollo de la técnica ha hecho que me gusten cada vez más, pero durante mucho tiempo no me han gustado tanto mis pinturas.



¿Y  a partir de qué momento sí te gustaron?

¡Uy! Qué preguntón, no sé, desde cierta liberación mía, y de ir encontrando yeites que me representan. Igual me siento en preparación para ser un “artista”, que es una palabra bastante sublime, pero lo tomo como un oficio de igual nobleza que los otros, soy plomero o soy artista, estamos en el mismo lugar. Tomo mi obra como ejercicios, como práctica, como una investigación hacia lo que no sé o no me sale.


¿Y la Casa Roja también te influyó?

La Casa Roja sí, pero en particular el Nano Vazquez, él fue tremendo conmigo,y hablando de los murales creo que el Nano fue uno de los primeros que me invitó a pintar y me mostró todo ese mundo. Yo dibujaba y pintaba en formatos más pequeños, y un día me inscribí al Maanso, encuentro de muralistas, y ahí hice mi primer mural (sobre Raúl Telechea, desaparecido en 2004).


Pasada esa breve experiencia el Nano me invitó mil veces a pintar, y me enseñó mil cosas. Un gran amigo y referente, increíble su motor, incansable, manija, desprejuiciado y audaz. Miraba a través del papel. Se iba para atrás, marcaba una x acá, marcaba otra x allá, y hacía pum, y así traspasaba el dibujo a la pared, al toque, yo quedaba alucinado.


La Casa Roja para mí era producto de él y la More (Morena Soria), que supieron nuclear gente de diversos mundos en un lugar, y crear esos espacios mágicos que suceden aquí, en San Juan, de vez en cuando.


Creo que uno toma verdadera conciencia de la necesidad de lugares como La Parra, La Mandorla, La Casa Roja, Casa Fantasma, Festival Madre, etc, etc, etc, solo por nombrar los que más habité y me han cambiado la vida, una vez que no existen o dejan de suceder, queda un vacío que es difícil que los espacios hegemónicos del arte ocupen.



¿Y cómo te imaginás de acá a, no sé, 20 años o cuál es tu aspiración concreta si la tenés?

Y hay días que yo me levanto y me considero un haragán, me entendés. Mi deseo en el mundo es no laburar. Eso sería, lo máximo. No laburar digo en el sentido de hacer sólo lo que produzco por placer o porque se me da la gana, y ya no la obra demandada, los trabajos que hago para otrxs, encargos, murales, etc. Laburo mucho, estoy todo el día pensando en esto. Dentro de poco me gustaría pegar-me una girita muralística o algo así. Me gustaría viajar, pintar. Entonces, me veo en la misma, pintando, teniendo un taller, ahora dentro de poco empiezo a dar un taller, para conocer gente, compartir data, me re cabe todo eso.




Impresionante,o sea ¿volverías a elegir la pintura?


Sí, por supuesto. Si me hago en serio la pregunta, creo que elijo ir contra los mandatos sociales y poseo una especie de deber moral que me incita a hacer lo que más placer me dé, bancando sus pormenores, su precariedad, inestabilidad e intrascendencia. Sin por esto creerme el rebelde. Al contrario, a veces pienso que es una especie de maldición no haber querido ser contador (risitas de oro).

Estoy preocupado por la vejez, si es que llego a ese lugar horrible, pero aún cuando pienso en eso, me veo pintando.




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